Judíos en la política
Correo
23/12/2005
La historia de la actividad política de judíos en el mundo muestra que
suelen ser judíos de segunda generación nacidos en el país, de padres o
abuelos inmigrantes, los que incursionan en la vida política, por dos
razones.
La primera, porque los judíos inmigrantes se preocupan primero de su
subsistencia y seguridad. Además, siendo extranjeros mantienen un perfil
bajo, más aún si llegaron al país como resultado de alguna persecución.
La otra, porque nuestra educación talmúdica nos ha heredado un afán por
confrontar lo establecido y luchar por mejorar el mundo, lo que explica
nuestra presencia activa en el mundo intelectual y político, sobre todo en
un rol contestatario frente a las "verdades" convencionales. Freud,
Einstein, Chomsky y más recientemente el Premio Nobel Harold Pinter son
ejemplos intelectuales paradigmáticos. Trotski, Blum, Kissinger, Ben Gurión
y tantos más son casos renombrados en la política.
Sin embargo, cada uno lo hace desde su propia mirada e ideología. No podría
ser más diverso en el caso de peruanos de segunda generación. Con Alberto
Fujimori tuvieron cargos públicos José Chlimper, Efraín Goldemberg y Moisés
Wolfenson. Con Alejandro Toledo asumieron cargos David Waisman, Jacques
Rodrich y David Lemor. Con Belaunde fue Wilson Benzaquén. Con Alan García
fueron Jacobo Mishkin y Jayzuño Abramovich. Para la presente campaña se
conoce de la cercanía de Isaac Meckler (quien ya no es presidente de la AJP)
con Ollanta Humala y José Kleinberg con Lourdes Flores, entre otros. Entre
los severos críticos a estos gobiernos estamos varios comunicadores,
incluyendo a Gustavo Gorriti y Roberto Lerner.
Lo que esto significa es que hay muchos judíos que estamos comprometidos con
el mejoramiento del Perú, pero que cada cual busca aportar desde su posición
y actividad. Esto debería ser bienvenido por la nación peruana, a la que
precisamente le hace falta un compromiso cívico más activo por parte de
todos sus ciudadanos.
No existe por tanto una posición político-partidaria institucionalizada de
la Asociación Judía del Perú, no sólo porque sus estatutos lo prohíben, sino
también porque los hechos enunciados lo hacen imposible. De allí que no
exista ni remotamente un "candidato de los judíos".
Es importante precisar esto para que frente al legítimo protagonismo
político de algunos judíos no se aluda a "la comunidad judía" como si fuera
un grupo homogéneo y compacto de personas alineadas con la misma posición
particular.