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Violencia Aprendida de los Medios Expreso 19/08/2000 En las últimas décadas han aumentado simultáneamente la violencia juvenil y los contenidos violentos que se presentan en los medios de comunicación, especialmente en la televisión, por lo que muchos investigadores han deducido que hay una relación efecto-causa entre ellos. Si eso puede demostrarse fehacientemente, los gobernantes, políticos y autoridades educacionales tienen la mesa servida para hacer algo al respecto. Lo
que se conoce hasta hoy es que los medios no solo son espejos que
reflejan la realidad, sino que son en sí mismos canales que la canalizan
y modelan, con lo que orientan las tendencia culturales, las visiones
del mundo, las creencias, y producen
esterotipos. También se conoce que los espectadores no son igualmente
influenciables por las imágenes televisivas ni para llegar a la fusión
de las imágenes con la realidad, ya que las causas primarias de las
conductas agresivas se encuentran en el entorno familiar, la
personalidad individual, los grupos de pares y especialmente las
condiciones socio económicas en las cuales se desarrollan los niños y
jóvenes. TEORIAS Las
principales teorías que se ocupan del impacto de la violencia de los
medios fueron reseñadas en
el Boletín del Proyecto Principal de Educación de Orealc Unesco (#49,
Santiago de Chile, agosto
de 1999), en los antecedentes de la investigación que hiciera el
experto holandés Jo Groebel a pedido de Unesco. Ellas son: 1)
Teoría del “Aprendizaje Social”, de Albert Bandura, que dice que
dado que la mayor parte de lo que la gente aprende lo hace a través de
la observación e imitación, los modelos que presentan los medios
influyen en la integración que los niños hacen de ellos en sus propias conductas. Además,
si observan repetidas veces que las conductas agresivas tienen éxito,
creerán que eso también es verdad para sus propias vidas. 2)
Teoría del “guión” de Rowell Huesmann y Leonard Eron, que sostiene
que el televidente expuesto frecuentemente a la violencia televisiva
puede llegar a creer que la
violencia es una parte normal y adecuada de la sociedad moderna. 3)
Teoría de la “frustración-agresión” de Leonard Berkowitz, que
sostiene que si los televidentes han sufrido una frustración en su vida
real (castigos, insultos, golpes)
éllos “leen” la violencia en los medios como una señal para
canalizar su frustración
a través de la agresión.
4)
Teoría de la “catársis” e “inhibición”que en oposición a la
anterior es planteada por Seymour Feshbach bajo la premisa que la
observación de conductas agresivas en otros (cine, TV) reduce las
conductas agresivas propias. El temor al castigo visto en otros reprime
las propias conductas agresivas. Sin embargo Feshbach sostiene que eso
ocurre en contextos muy específicos y que de todos modos hay grandes
riesgos de efectos negativos. 5)
Teoría de la “excitación-transferencia” de Dolf Zillman, que
sostiene que las escenas de acción y violencia en los medios llaman la
atención del espectador y crean un pequeño “efecto estimulante”
(especialmente en los varones), que lleva a reaccionar más
agresivamente. 6)
Teoría de la “brújula” de Jo Groebel, que sostiene que dependiendo
de las experiencias ya existentes, del control social y el entorno
cultural, los contenidos de los medios ofrecen una orientación y
referencia para darle dirección a la conducta de los espectadores.
Ellos no adoptan a su propia conducta todo lo visto, pero sí miden su conducta en relación a la
de los modelos que aparecen en la pantalla.
Junto
a estas teorías hay otros aportes como el del efecto de la “exposición
por períodos largos” de Edward Donnerstein, Neil
Malamuth y Donald Linz, quienes sostienen que la exposición a
escenas e imágenes violentas y sangrientas reduce la empatía por las víctimas
reales de la violencia. La ansiedad del televidente ha sido estudiada
por George Gerbner y Jo Groebel demostrando que la frecuente percepción
del mundo como amenazador y peligroso lleva a actitudes más temerosas y
cautelosas frente al entorno real. Entonces, los espectadores
desarrollan una visión ansiosa frente al mundo y tienen dificultades
para distinguir la realidad de la ficción. REFLEXION No
podemos cambiar la realidad de la omnipresencia de la televisión en
nuestras vidas pero sí podemos intentar controlar aquellos de sus
efectos que sean perniciosos y reproductores de violencia. Un buen debate
sobre el tema, el desarrollo de códigos de conducta para profesionales
y productores, y la inserción de formas innovadoras de educación para
los medios, pueden llevar a crear las normas que sirvan de referencia a
los medios y los mecanismos de protección para que los usuarios sean
competentes y críticos. Algunos países ya están
avanzando en esa dirección.
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