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Finlandia: poco ruido y muchos logros  
Correo 25/04/2008



Los sobresalientes resultados de los alumnos finlandeses de 15 años en las pruebas PISA 2003 y 2006 (de la OCDE) en matemáticas, lectura y ciencias, punteros entre los 57 países comparados, producen mucha curiosidad internacional. Ellen Gamerman visitó Finlandia y reseñó sus observaciones en The Wall Street Journal del 29/2/2008. En Finlandia, la primaria empieza a los siete años. Los alumnos no usan uniformes, dan muy pocas pruebas estandarizadas a lo largo de su vida escolar y reciben apenas 1/2 hora diaria de tareas para la casa. No tienen clases para alumnos adelantados. Los finlandeses aman la lectura. Al nacer los niños, el gobierno les envía como obsequio un paquete de libros de dibujo y lectura. Hay múltiples librerías e inclusive buses-biblioteca que recorren los lugares más remotos el país. Su principal fórmula de éxito radica en tener alumnos formados para ser autónomos y responsables, y profesores bien formados que se dedican mucho más a los alumnos más débiles que a los más avanzados. Para ser profesor (carrera muy disputada) hay que tener un magíster. Los recién graduados trabajan bajo observación de los veteranos, que los observan y evalúan. Los profesores reciben mucha libertad para su acción docente y para hacer clases a la medida de los alumnos que les toca atender. Los profesores usan más la tiza, la pizarra convencional y retroproyectores que las pizarras electrónicas y las proyecciones en power point. Se valora más la buena enseñanza que el uso de la tecnología. Apelan poco a las pruebas de elección múltiple para marcar y más bien utilizan preguntas de desarrollo. El costo anual por alumno es de 7,500 dólares, contra los 8,700 de EEUU, pero con un financiamiento homogéneo a diferencia de EEUU, donde éste depende de cada distrito escolar. Eso hace que la diferencia en el desempeño de los mejores y peores alumnos en Finlandia sea muy pequeña, mientras que en EEUU es grande. En los últimos tres grados de secundaria, según sus notas, el 53% de los alumnos siguen hacia la secundaria académica (preuniversitaria) y el 47% hacia las escuelas vocacionales. Los padres no están demasiado ansiosos por la universidad a la que asistirán sus hijos. La universidad es gratuita y hay competencia por ingresar a las facultades más reconocidas, pero no llega a los niveles de segmentación de la élite como lo hace Harvard. En suma, un sistema educativo del que hay mucho por aprender