YO ESTUVE EN ESE AVIÓN
El Comercio
18/09/2001
¿Qué tiene que ver un lector peruano de El Comercio con los
atentados en las Torres Gemelas de Nueva York o la pizzería
central de Jerusalén?
Mucho.
Todos estuvimos allí.
Si el modelo terrorista se legitima y expande en el mundo,
mañana usted podría estar, por ejemplo, en el edificio del
Banco Continental y quedar bajo toneladas de escombros; podría
ir con sus hijos a almorzar a El Rancho y terminar todos en
ataúdes; o podría volar en American Airlines a cualquier
destino y terminar hecho cenizas en el aire por acción del
terrorismo.
Por eso, amable lector, todos debemos sentir como si hubiéramos
estado en las Torres Gemelas de Nueva York, la Pizzería de
Jerusalén o el avión de American Airlines.
Todos deberíamos asumir la responsabilidad de luchar contra el
terrorismo internacional como si fuera nacional, sin excepción
alguna.
También deberíamos aprender a darnos cuenta de las conexiones
que tienen los atentados entre sí, como por ejemplo el de las
Torres Gemelas de Nueva York y los de las torres judías en
Buenos Aires.
En 1992 fue volado el edificio de la Embajada de Israel en
Buenos Aires (Argentina), causando 29 muertos, sin que hasta
hoy la policía argentina encontrara un culpable.
Dos años después, en 1994, el terrorismo islámico internacional
voló el edificio de la AMIA causando 85 muertos.
Nuevamente, las autoridades argentinas se mostraron
absolutamente ineficaces (¿cómplices?), ya que convenientemente
no vieron nada, no encontraron nada, no castigaron a nadie.
A esas alturas, todos (menos la policía argentina) sabían que
estos eran atentados perpetrados por Hezbollá, con ayuda local
y con el respaldo de Irán.
Incluso el 21 de marzo, tres días después del atentado,
Hezbollá se adjudicó el atentado a través de un comunicado y un
video emitido a través de la televisión libanesa.
Sin embargo, las autoridades argentinas, que curiosamente en
esos años aumentaron su comercio con Irán, prefirieron no ver
nada.
No nos sorprenda que la misma escuela de terror que inspiró a
estos terroristas haya inspirado a quienes volaron las torres
de Manhatan.
Por lo pronto, la televisión de Abu Dabi leyó un comunicado del
Frente Democrático de Liberación de Palestina que se atribuye
la acción.
Por su parte, el disidente saudí Osama Bin Laden advirtió hace
tres semanas que él y sus seguidores llevarían a cabo un ataque
sin precedentes en Estados Unidos por el apoyo que ese país
brinda a Israel, según se lo dijo al periodista árabe Abdel-
Bari Atwan, editor del periódico con sede en Londres Al-Quds al-
Arabi.
Lo que ocurrió en el Pentágono o las Torres de Nueva York
podría haberle ocurrido a la Torre Eiffel en París, al Big Ben
en Londres, o al Palacio de Gobierno en Lima.
Son ataques contra instituciones que simbolizan el gobierno
democrático, la legalidad, la alternancia en el poder, el
respeto a los derechos humanos, la tolerancia frente a las
crencias religiosas particulares y la capacidad de negociación
pacífica para resolver cualquier desavenencia.
El terrorismo es una forma de lucha de quienes se creen con el
derecho de imponer su modelo de vida o estado a los demás por
la fuerza, por encima de la ley, sin importar el costo humano
involucrado.
Si los países que creen en los valores occidentales no
articulan sus estrategias respecto a aquellos que no creen en
ellos, estas explosiones ocurrirán cada vez con más frecuencia
y con la reconocida impunidad.
Cuando un terrorista se sale con la suya, queda listo para
preparar un nuevo ataque. Es como el violador o delincuente que
si viola o roba y nadie lo detiene o sanciona, no tendrá ningún
reparo en volver a hacerlo por segunda vez.
No lo permitamos.